Aquella inquietud de pequeño volvió a aparecer más fuerte

Mi nombre es Vicent, tengo 23 años, soy de un pequeño pueblo de la Marina Alta llamado Sagra y acabo de empezar mi quinto curso en el Seminario.

Para mí es difícil concretar donde empieza mi vocación, pues cada día tengo más certeza de que en mí se cumplen las palabras del profeta Jeremías: «Antes de formarte en el vientre te escogí». Gracias a Dios tuve la suerte de nacer en una familia cristiana que desde pequeño me llevó a la Iglesia y me transmitió la Fe. Desde pequeño mostré inquietudes por ser sacerdote. A la típica pregunta sobre qué quería ser de mayor, yo siempre respondía lo mismo: «sacerdote».

Los años fueron pasando, y aunque nunca dejé de ser monaguillo y de ir a la Iglesia aquella inquietud aparentemente se esfumó. Con los años llegue a la adolescencia y continué estando en la parroquia, colaborando en las tareas de sacristía y en el mundo del toque manual de las campanas, donde pude conocer otras asociaciones de campaneros de la Comunidad Valenciana, nueva gente y grandes amigos que luego serían instrumentos de Dios para que descubriera a lo que me llamaba.

Pero durante mi adolescencia aquella inquietud de pequeño volvió a aparecer de modo más fuerte en algunas ocasiones. Normalmente cuando un joven párroco del pueblo vecino venía a Sagra a celebrar alguna vez la Eucaristía y me preguntaba acerca de si quería ser sacerdote, yo siempre respondía que no rotundamente, pero después le daba vueltas y más vueltas, hasta que conseguía quitarme la idea de la cabeza.

Los años fueron pasando y finalmente terminé el bachillerato y me fui a la universidad. Empecé a cursar Ingeniería Técnica Industrial en la especialidad de Electrónica. Ese mismo curso un amigo mío entró en el Seminario, y con la excusa de visitarle fui conociéndolo y conociendo a los diferentes seminaristas, viendo cómo vivían y como siempre estaban alegres, con todos los interrogantes que aquello me producía y repitiéndose de modo cada vez más frecuente aquellos “ataques de vocación”.

Finalmente en mayo de 2010, en uno de estos “ataques”, la llamada que sentía dentro de mí fue tan fuerte que tuve la necesidad de ver que era aquello, de responder. Así fue como después de realizar un discernimiento vocacional comprendí que el Señor me llamaba a ser sacerdote, de modo que en septiembre de 2010 entré al Seminario y sin apenas darme cuenta ya he terminado mi cuarto año.

De estos cuatro años puedo decir que han sido los mejores y más felices de mi vida, que aunque ha habido momentos duros, por ejemplo con mi familia a la hora de comunicarles mi decisión de querer ser sacerdote, el Señor siempre ha estado ahí, sosteniéndome y allanando los baches que aparecían en el camino.

Ahora viendo mi historia comprendo que Dios me ha llamado desde siempre y sigue haciéndolo día tras día, pero que después de 19 años de mi vida “haciéndome el sordo” al final comprendí que el Señor tenía pensada para mí una historia de amor diferente a la que yo tenía prevista y en la que puedo decir que soy totalmente y cada día más feliz y en la que estoy totalmente convencido de que ¡vale la pena entregarse totalmente a Cristo en el camino hacía el sacerdocio!