El Señor me estaba reclamando para Él 

Me llamo Pablo, nací dentro de una familia cristiana y mis padres, desde bien pequeño, nos transmitieron la fe a mis hermanos y a mí. Siempre he vivido mi relación con Dios y mi camino de fe desde una comunidad neocatecumenal. Es allí desde donde empecé a experimentar el amor gratuito de Dios.

Cuando tenía dieciséis o diecisiete años sentí una llamada del Señor para ser sacerdote, pero tengo que reconocer que Él me abrumó, me asusté y le dije muy claramente que no contara conmigo; además con esa edad mi proyecto para el futuro era trabajar, casarme y formar una familia. Pero Dios es paciente, no se cansa de esperarnos y aceptó esta negativa por mi parte.

Así pasaron los años, hasta que la madre de un niño al que yo daba catequesis de comunión en la parroquia me regaló un libro que contenía unas charlas dadas por un sacerdote. En un momento este sacerdote, hablando sobre la muerte, dice: “lo que en el momento de tu muerte para ti tenga importancia también la tiene ahora, lo que en ese momento para ti sea circunstancial también lo es ahora”. Todo el libro fue para mí un redescubrimiento y un enamoramiento de Dios, algo impresionante. Aquella frase me hizo caer en la cuenta de que el Señor me estaba reclamando para Él; quería que lo pusiera en el centro de mi vida. Volví a sentir la llamada de Dios, pero ahora no estaba abrumado, sino atraído y fascinado por Dios.

En medio de todo esto, hice mucha amistad con el fraile franciscano que presidía las eucaristías a la comunidad neocatecumenal donde estaba. Dios me puso en el corazón este deseo de seguir viviendo y compartiendo mi fe en comunidad ingresando en una orden religiosa, así que empecé a dirigirme con él y a ir a rezar todos los días con la comunidad de franciscanos de Valencia, donde él vivía. Cuando este fraile me presentó la vida de nuestro padre San Francisco me enganchó en seguida su radicalidad, la conversión que tuvo, y cómo fue capaz de dejarlo y abandonarlo todo por seguirlo a Él, el único que da sentido a nuestras vidas.

Ahora soy novicio franciscano. En este año de prueba en el que me encuentro me fascina sobre todo la inmensa gratuidad en la llamada de Dios. Me impresiona más que nada el deseo de Dios de unirse y llamarme a su intimidad, a estar con Él. Porque nuestro carisma tiene mucho de misión, es verdad. Pero también tiene toda una parte fundamental de oración comunitaria y personal, de estar y de saberse en presencia del Esposo para poder transmitir la vida que nosotros recibimos de Él. También está siendo muy importante en mi vida la Virgen María. Ella, como modelo de entrega y consagración al Padre, me indica siempre el camino hacia su Hijo. Me sostiene cuando llega la dificultad o cuando la cruz me parece demasiado pesada.

Son muchas las cosas que dejo por escribir, pero éste es para mí el gran regalo de Dios: que gratuitamente me volvió a llamar; pese a mi primera negativa, y sin ningún mérito por mi parte, quiso volverme a llamar para que viva en intimidad con Él, como hermano menor.