Me pedía entregarme a Él para anunciar el Evangelio 

Nací en el seno de una familia cristiana. Desde pequeño me han enseñado las cosas básicas del cristianismo. Rezábamos los domingos en familia y nuestros padres nos hablaban de cómo actuaba Jesús en sus vidas.

Cuando realmente comienzo a ver el cristianismo como algo válido para mí fue a raíz de unas catequesis para jóvenes y adultos del Camino Neocatecumenal. Fue como una “primera conversión”. A raíz, de esto comienza una nueva experiencia que será vital para mi posterior vocación.

Durante la adolescencia, comencé a salir con los amigos. En este momento de mi vida se abría ante mis ojos todo un campo vital nuevo. Consideré que era el momento de ser un poco más independiente y de comenzar a disfrutar.

Fue un momento de mi vida muy extraño. Todo pasaba muy rápido, empecé a desviarme de mi fe heredada y encontraba más atractivo el mundo de la fiesta. Durante un par de años estuve practicando la religión católica de un modo muy figurado ante mi familia. Ante ellos me comportaba de una manera y posteriormente actuaba de otra.

Al no haberme separado totalmente de la Iglesia pude ver que mi comportamiento no era adecuado. Así pude ver el vacío de todas las cosas que anteriormente se me ofrecían como espectaculares y con las cuales esperaba encontrar la felicidad. Hasta este tiempo, no me había planteado nunca la vocación sacerdotal.

Todo cambió en el verano de 2011, cuando se celebró en Madrid la JMJ con el Papa Benedicto XVI… éste es el momento concreto de la llamada.

Durante todos esos días, diversas cosas fueron preparándome el corazón para aceptar esa llamada, en especial la alegría visible en tantos rostros jóvenes. Pero fue en el encuentro vocacional de jóvenes del Camino Neocatecumenal, donde acudí a la llamada de Dios que me pedía entregarme a Él para anunciar el Evangelio allá donde sea necesario.

Y aunque al principio me planteé si ser misionero o irme a un Seminario del Camino Neocatecumenal, el Señor me señaló que cada vez hay más gente en nuestra sociedad que no le conoce y que mi sitio era Valencia.

Actualmente sigo queriendo ser sacerdote porque veo que así se cumple la voluntad de Aquél que me llamó y me ha elegido y veo que realizando esta voluntad seré plenamente feliz. Y todo ello por puro derroche de amor y gracia de Dios.